Y debe ser que los domingos no son lo nuestro, que nosotros siempre fuimos mas de sábados por las tardes, de paseos por las calles y películas con finales especiales. pero ahora ni eso nos vale.
Nos hemos convertido en lo que siempre odié.
Me pregunto como hemos pasado de tanto a tan poco, como las cosas han cambiado, y es que al parecer ninguno de los dos es como imaginamos.
Quizá debí darme cuenta antes, antes de llegar a este punto, pero ya era demasiado tarde. Lo único que tenía claro era que dolería. Y estaba en lo cierto.
Y le sonrió como si nunca hubiese llorado por él.
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